Un conjunto de diez fórmulas de política económica de corte neoliberal, diseñadas para orientar a los países en desarrollo, especialmente en América Latina, hacia la estabilidad macroeconómica y la integración en el mercado global.
Descripción
El término fue acuñado en 1989 por el economista británico John Williamson. Su surgimiento no fue un evento espontáneo, sino una respuesta técnica a la «década perdida» de los años 80 en América Latina. Durante ese periodo, la región enfrentó una crisis de deuda externa asfixiante, hiperinflación y el agotamiento del modelo de industrialización por sustitución de importaciones.
Williamson sistematizó lo que él consideraba el denominador común de las recomendaciones dictadas por las instituciones con sede en Washington D.C.: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.
Los diez pilares del consenso
Las medidas se centraron en la disciplina fiscal y la liberalización económica. Se pueden agrupar en tres grandes ejes:
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Disciplina y austeridad
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Disciplina fiscal: Evitar grandes déficits presupuestarios en relación con el PIB.
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Reordenamiento del gasto público: Priorizar la inversión en educación, salud e infraestructura sobre los subsidios generalizados.
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Reforma tributaria: Ampliar la base impositiva y moderar los tipos marginales para incentivar la recaudación sin desincentivar la inversión.
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Liberalización del mercado
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Liberalización financiera: Dejar que las tasas de interés fueran determinadas por el mercado.
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Tipo de cambio competitivo: Mantener una moneda que fomentara las exportaciones.
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Liberalización comercial: Reducción de aranceles y eliminación de barreras no arancelarias.
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Apertura a la inversión extranjera directa (IED): Eliminar barreras para la entrada de capitales externos.
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Reformas estructurales
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Privatización: Transferir empresas estatales al sector privado para aumentar la eficiencia.
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Desregulación: Eliminar normas que impidieran la entrada de nuevos competidores al mercado.
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Derechos de propiedad: Garantizar la seguridad jurídica sobre la propiedad privada.
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Impacto y críticas
Desde la teoría política, el Consenso de Washington representa el triunfo del pensamiento neoclásico y la globalización económica a finales del siglo XX. Aunque inicialmente se planteó como una lista técnica para la recuperación económica, se convirtió en el símbolo del «pensamiento único» neoliberal.
A partir de la década de los 2000, el consenso fue duramente cuestionado por su omisión de las desigualdades sociales y las debilidades institucionales de los países receptores, dando paso a lo que algunos académicos denominan el Post-Consenso de Washington, que otorga mayor peso al papel del Estado en la regulación y la cohesión social.
Bibliografía recomendada
Besley, Tim; Bucelli, Irene & Velasco, Andrés (eds.) (2025). The London Consensus: Economic Principles for the 21st Century. LSE Press.
El Consenso de Londres se presenta como una redefinición del contrato social y económico para el siglo XXI, centrada en la «economía del cuidado» y la sostenibilidad. A diferencia del enfoque de mercado de Washington, esta propuesta de la London School of Economics (LSE) aboga por un Estado inversor y emprendedor que no solo corrija fallos de mercado, sino que les dé forma para abordar misiones colectivas como la descarbonización, la salud pública global o la justicia social. El eje central es pasar de un modelo de eficiencia ciega a uno de resiliencia y bienestar, donde la estabilidad institucional se utilice para reducir la precariedad y garantizar que los beneficios del progreso tecnológico se distribuyan de manera equitativa.
En términos de políticas concretas, el Consenso de Londres propone una cooperación global reforzada para gravar el capital transnacional, regular las plataformas digitales y financiar la transición energética en el Sur Global. Rechaza la austeridad procíclica y, en su lugar, defiende la inversión pública estratégica en capital humano e infraestructura verde como los motores reales del crecimiento a largo plazo. En resumen, busca equilibrar la dinámica del mercado con una gobernanza democrática robusta que priorice la protección de los bienes públicos globales y la dignidad humana sobre la acumulación de capital.
En línea: https://press.lse.ac.uk/books/e/10.31389/lsepress.tlc