En gestión de proyectos, técnica que se utiliza para relacionar cada actividad del proyecto con uno o más miembros de equipo y su correspondiente responsabilidad con respecto a dicha tarea.
Descripción
La matriz clasifica los roles de los miembros del equipo en cuatro tipos y, en consecuencia, describe cuatro tipos de relaciones de comunicación e información. Dichos roles son responsable (responsible), aprobador (accountable), consultado (consulted) e informado (informed). De las iniciales de estos términos en inglés se deriva el acrónimo RACI, generalmente usado para hacer referencia a esta técnica.
La matriz RACI: roles y responsabilidades
| Sigla | Rol | Función en el proyecto |
|---|---|---|
| R | Responsible (responsable) | Es quien realiza el trabajo y se responsabiliza por la buena ejecución de la tarea. Su enfoque es la operatividad. Sólo puede haber un responsable por tarea. |
| A | Accountable (autoridad o aprobador) | Es la persona o autoridad a la que se rinden cuentas por el trabajo o quien aprueba el resultado final. |
| C | Consulted (consultados) | Personas expertas o interesadas cuya opinión es necesaria antes de decidir. Se establece una comunicación bidireccional. |
| I | Informed (informados) | Personas que deben conocer los avances o decisiones, pero que no intervienen en el proceso. La comunicación es unidireccional. |
Variantes: RASCI y VARISC
RASCI
Una variante de la matriz de asignación de responsabilidades, que añade un quinto rol: apoyo (support).
VARISC
Añade dos tipos de rol: verificador (verify) y apoyo (support).
El peligro de la «C-itis»: El exceso de consulta como parálisis
Uno de los errores más frecuentes al diseñar una matriz RACI es sucumbir a la tentación de asignar demasiadas «C» (consultados). Muchas veces tendemos a pensar que cuanta más gente participe, más democrático y sólido será el proceso. Sin embargo, en la práctica, un exceso de personas consultadas suele derivar en lo que se conoce como parálisis por análisis.
Cuando cada decisión técnica o estratégica requiere el consenso de una decena de expertos, el proyecto pierde su agilidad y se convierte en un comité interminable. La clave de una buena gestión no es preguntar a todo el mundo, sino identificar quiénes poseen realmente el conocimiento crítico necesario para que la tarea avance. Recordemos que una «C» no es un espectador interesado, es un recurso estratégico que debe aportar valor real al proceso. Si alguien solo necesita estar al tanto de lo que sucede, su lugar está en la «I» (informados), no en la mesa de debate.
¿»C» o «I»? El test de los 30 segundos
Para evitar que nuestro proyecto se ahogue en un mar de reuniones y correos electrónicos, antes de asignar una «C» (consultar) a un stakeholder, conviene pasarlo por alguna modalidad de filtro, como la lista de verificación que aquí se propone. Si la respuesta a más de dos preguntas es «No», ese actor debería ser una «I» (informar).
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¿Aporta un saber único? Si este stakeholder no opina, ¿perdemos una perspectiva técnica o política que nadie más en la mesa tiene?
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¿Su veto es vinculante? Si no estamos de acuerdo con su sugerencia, ¿el proyecto corre el riesgo real de detenerse o ser invalidado legalmente?
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¿La consulta es previa a la acción? ¿Necesitamos su input antes de empezar a trabajar o simplemente queremos que sepa en qué estamos trabajando?
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¿Afecta su flujo de trabajo? ¿Las decisiones tomadas en este punto alterarán de forma crítica la manera en que su departamento opera diariamente?
Regla de oro
En la gestión de proyectos moderna, menos es más. Cada «C» adicional es un incremento en el tiempo de entrega. Si tenemos dudas, informamos («I») primero; siempre habrá tiempo para consultar más adelante si la complejidad del escenario lo exige.