Proceso por el que los conocimientos, las capacidades y las tecnologías generados en una organización —sobre todo universidades y centros de investigación— pasan a otra que los aplica, los desarrolla o los explota en el mercado o en la sociedad.

Del laboratorio a la sociedad: cómo circula el conocimiento

La investigación genera conocimiento que, por sí solo, no se convierte en innovación. Para que una idea surgida en un laboratorio llegue a un producto, a un servicio o a una política pública, alguien tiene que adoptarla, adaptarla e invertir en ella. La transferencia de tecnología y conocimiento designa el conjunto de mecanismos que hacen posible ese paso y ocupa el núcleo de las relaciones entre universidad, empresa y administración que estudian enfoques como la triple hélice o los sistemas de innovación.

La expresión reúne dos conceptos con alcance distinto:

  • Transferencia de tecnología: en sentido estricto, la cesión de resultados de investigación protegidos por derechos de propiedad intelectual —sobre todo patentes— mediante licencias o mediante la creación de empresas que los explotan. Es el enfoque que institucionalizaron las oficinas de transferencia de las universidades desde los años ochenta.
  • Transferencia de conocimiento: en sentido amplio, cualquier vía por la que el conocimiento circula entre organizaciones, incluidas la investigación colaborativa, la consultoría, la formación, la movilidad de personas, las publicaciones o los contactos informales. Una parte esencial de ese conocimiento es tácito y solo se transmite mediante la interacción.

En el ámbito europeo se habla también de valorización del conocimiento, un término que subraya la creación de valor social y económico a partir de la investigación, y en el Reino Unido de intercambio de conocimiento (knowledge exchange), que destaca que el flujo va en ambas direcciones. En la universidad, estas actividades se agrupan bajo la llamada tercera misión, junto a la docencia y la investigación.

Condiciones para que la transferencia funcione

La transferencia no es un traslado mecánico. Su éxito depende tanto de quien genera el conocimiento como de quien lo recibe. Wesley Cohen y Daniel Levinthal acuñaron el concepto de capacidad de absorción para describir la habilidad de una organización para reconocer el valor de un conocimiento externo, asimilarlo y aplicarlo, una capacidad que depende de su propio conocimiento previo y de su inversión en investigación.1 Influyen además la proximidad geográfica y cognitiva entre las partes, la confianza, los incentivos de los investigadores y el marco legal de la propiedad intelectual.

Tipos y clasificación

Los canales de transferencia se suelen agrupar en dos grandes familias: los de comercialización, basados en la propiedad intelectual, y los de colaboración o implicación académica (academic engagement), basados en la interacción entre investigadores y usuarios del conocimiento.

Canales de comercialización

  • Patentes y licencias. La universidad o el centro protege un resultado mediante una patente y concede a una empresa el derecho a explotarlo a cambio de un pago o de regalías. Es el canal más visible y el que mejor se mide, pero se concentra en pocos campos, como la biomedicina, la química o la ingeniería.
  • Creación de empresas. Las empresas derivadas (spin-offs) son startups creadas para explotar resultados de investigación, a menudo con participación de los propios investigadores y de la institución de origen y con financiación de capital riesgo.

Canales de colaboración

  • Investigación colaborativa y contratada. Proyectos conjuntos entre grupos de investigación y empresas, o encargos en los que la empresa financia una investigación contratada con objetivos definidos.
  • Consultoría y servicios técnicos. Asesoramiento, ensayos, análisis o certificaciones que los investigadores prestan a empresas y administraciones.
  • Movilidad de personas y formación. La contratación de titulados y doctores, los doctorados industriales, las estancias de investigadores en empresas y la formación a medida. Se considera un canal especialmente adecuado para transferir conocimiento tácito.
  • Difusión abierta. Publicaciones, congresos, datos y programas abiertos que cualquiera puede utilizar, en la línea de la ciencia abierta.
  • Relaciones informales. Contactos personales, redes profesionales y conversaciones que no quedan registradas en ningún contrato.

La evidencia empírica muestra que los canales de colaboración son mucho más frecuentes que los de comercialización. Una revisión de la literatura de Markus Perkmann y otros autores concluyó que la implicación de los investigadores con la industria está más extendida que la comercialización y que responde en mayor medida a motivaciones científicas, como acceder a recursos o a problemas de investigación relevantes.2

Evolución de los modelos institucionales

En Estados Unidos, la Ley Bayh-Dole de 1980 permitió a las universidades ser titulares de las patentes derivadas de investigaciones financiadas con fondos federales y licenciarlas, lo que impulsó la creación de oficinas de transferencia de tecnología en todo el país. Muchos países europeos adoptaron después modelos similares; algunos, como Alemania o Dinamarca, suprimieron a comienzos de los años 2000 el privilegio por el que los profesores eran titulares de sus invenciones. En España, las oficinas de transferencia de resultados de investigación (OTRI) se crearon a finales de los años ochenta, en el marco del primer Plan Nacional de I+D, y se coordinan en la red RedOTRI.

Desde los años 2000, las políticas han ampliado el foco desde las patentes hacia el conjunto de canales y hacia el impacto social de la investigación. La Recomendación del Consejo de la Unión Europea de diciembre de 2022 sobre los principios rectores para la valorización del conocimiento refleja ese giro: integra la transferencia en la gestión de la propiedad intelectual, la ciencia abierta, la participación ciudadana y la creación de capacidades en todas las organizaciones de investigación.

Debates y críticas

  • Los efectos de la Ley Bayh-Dole. David Mowery y otros autores han cuestionado que la ley fuera la causa principal del aumento de las patentes universitarias y han advertido de que la búsqueda de ingresos por licencias puede restringir el acceso a resultados financiados con fondos públicos.
  • Rentabilidad de las oficinas de transferencia. Los ingresos por licencias se concentran en unas pocas invenciones de gran éxito, y la mayoría de las oficinas no cubren sus costes con ellos.
  • Ciencia abierta frente a apropiación. La protección de los resultados puede retrasar su publicación, limitar el uso de herramientas de investigación y generar tensiones con la misión pública de la universidad.
  • Indicadores sesgados. Medir la transferencia por patentes y empresas creadas favorece a unas disciplinas y deja fuera la mayor parte de las interacciones, en especial las de las ciencias sociales y las humanidades.

Ejemplos y casos

Los casos siguientes ilustran canales de transferencia distintos: la licencia de patentes, la creación de empresas, la investigación aplicada por encargo y la movilidad de personas.

En 1973, Stanley Cohen (Universidad de Stanford) y Herbert Boyer (Universidad de California en San Francisco) desarrollaron la técnica del ADN recombinante, base de la ingeniería genética. A instancias de Niels Reimers, director de la oficina de transferencia de Stanford, las universidades solicitaron la patente, la primera de las cuales se concedió en 1980. Las licencias, que estuvieron vigentes hasta la expiración de las patentes en 1997, generaron más de 250 millones de dólares en regalías y se convirtieron en el caso de referencia de la transferencia de tecnología universitaria y del nacimiento de la industria biotecnológica.

Oxford Nanopore Technologies se fundó en 2005 como empresa derivada de la Universidad de Oxford para explotar la investigación de Hagan Bayley sobre nanoporos, con Gordon Sanghera y Spike Willcocks como cofundadores y financiación inicial de IP Group, una sociedad especializada en invertir en tecnologías universitarias. La empresa desarrolló secuenciadores de ADN portátiles, como el MinION, comercializado desde 2015, y salió a bolsa en Londres en septiembre de 2021. El caso muestra el largo periodo de maduración y la inversión que requieren las empresas basadas en ciencia.

La Sociedad Fraunhofer es la mayor organización de investigación aplicada de Europa y un modelo de referencia para la transferencia en Alemania. Sus institutos combinan financiación pública básica con contratos de investigación para empresas y proyectos públicos competitivos, lo que les obliga a orientar su actividad hacia las necesidades de la industria. Uno de sus resultados más conocidos es el formato de compresión de audio MP3, desarrollado en el Instituto Fraunhofer de Circuitos Integrados de Erlangen por un equipo en el que participó Karlheinz Brandenburg, cuyas licencias generaron durante años importantes ingresos para la organización.

En el Reino Unido, las Knowledge Transfer Partnerships (KTP), heredadas del Teaching Company Scheme creado en 1975, unen a una empresa, una institución académica y un titulado reciente. El titulado se incorpora a la empresa durante uno a tres años para desarrollar un proyecto de innovación, con la supervisión de investigadores de la universidad. La empresa cubre parte del coste y la agencia pública Innovate UK financia el resto. El programa ilustra la transferencia a través de las personas, un canal especialmente adecuado para trasladar conocimiento tácito.

Recursos adicionales

Fuentes y herramientas

  • Lens.org: búsqueda de patentes y publicaciones científicas enlazadas, útil para rastrear qué investigaciones dan lugar a invenciones.
  • WIPO IP Statistics Data Center: estadísticas mundiales de patentes, marcas y diseños industriales.
  • CORDIS: proyectos europeos de investigación e innovación y sus resultados, con información sobre las empresas y centros participantes.

Bibliografía recomendada

Las obras de referencia no están traducidas al español.

  • Ivory Tower and Industrial Innovation (David C. Mowery, Richard R. Nelson, Bhaven N. Sampat y Arvids A. Ziedonis, 2004): análisis histórico de la transferencia de tecnología universitaria en Estados Unidos antes y después de la Ley Bayh-Dole, que matiza el papel de las patentes en la relación entre universidad e industria.
  • Academic Entrepreneurship (Scott Shane, 2004): estudio de las empresas derivadas de la universidad que analiza por qué se crean, qué factores explican su éxito y qué papel desempeñan las oficinas de transferencia y la propiedad intelectual.
  1. Cohen, W. M. y Levinthal, D. A. (1990). Absorptive Capacity: A New Perspective on Learning and Innovation. Administrative Science Quarterly, 35(1), 128-152.
  2. Perkmann, M. et al. (2013). Academic Engagement and Commercialisation: A Review of the Literature on University-Industry Relations. Research Policy, 42(2), 423-442.